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No hay mayor causa para llorar que no poder llorar, decía Séneca. Vivimos en una sociedad machista donde desde la cuna siempre se le ha inculcado al varón que expresar sus emociones es cosa de mujeres o, como dice el tango: un hombre macho no debe llorar. Pero independientemente del género, cultura, nacionalidad o tiempo histórico, llorar es una expresión emocional, una condición humana normal, natural, algo esencial y necesaria, cuya función es expresar sentimientos. Si pasó algo, llora, y desahógate, seas hombre o mujer, por dios! Llorar no indica que eres débil; desde el nacimiento, ha sido una señal de que estás vivo y adquiere una vital importancia en las primeras etapas de la vida como señal llamativa y reclamadora de atención.

Según expertos, pasamos un promedio de 50 días de nuestra vida llorando. Por suerte, dentro de la estimación del tiempo de vida, dedicamos a la risa cerca de dos años. Todos conocemos los grandes beneficios de la sonrisa para la salud, pero, ¿cómo nos afectan las lágrimas? Este es un asunto menos tratado. Viene bien reír y llorar; las dos reacciones, liberan el cuerpo de una sensación. Reír tiene que ver con una situación agradable, divertida, claro está y llorar, que sea por una cuestión también humana, desagradable. También se puede llorar de risa, el organismo tiene su propio funcionamiento. Inicialmente, los estudiosos del tema plantearon que las lágrimas solo tenían un objetivo: proteger el ojo. Sin embargo, existen tres tipos: las que nos mantienen los ojos lubricados, las que generamos frente a productos irritantes (cebolla, humo, lagrimeo por una mota de polvo...) y las que se producen a partir de las emociones. Esta última es la que más nos interesa.

¿Es bueno llorar? Sirve como una forma necesaria de proyectar sentimientos, de manifestar dolor físico o emocional por tristeza, duelo, nostalgia y también angustia. Gente que está sumamente preocupada, en situación de crisis o quien siente coraje, culpa incluso alegría, puede derramar lágrimas. Todas estas son expresiones normales; sin embargo, hay dos casos en que el llanto se puede considerar patológico o poco sano. El primero, se trata de pacientes con dependencia clínica, o trastorno del estado de ánimo, cuyo síntoma es llorar con mucha facilidad por cosas que normalmente no te harían llorar, o porque tienden a magnificar los problemas, que es algo propio de la depresión. Otra forma insana es el llanto manipulador que se utiliza, para desactivar un enojo que siente otro hacia la persona o para tomar una posición de debilidad en una discusión; es un llanto que no es sano, que no corresponde a una emoción normal, que se utiliza como un recurso para no enfrentar una responsabilidad, o para controlar al otro, o para fingir arrepentimiento o pena (lágrimas de cocodrilo). Fuera de estos casos, las lágrimas son una forma natural de comunicarnos y ex- presar sentimientos, desde una gran tristeza hasta una profunda alegría. Si vemos a alguien llorando, inmediatamente abrigamos compasión y empatía, en ocasiones tan conmovedoras, que logra tocar las fibras más íntimas de cualquier persona, incluso podemos empezar a llorar y sentirnos tristes.

A pesar de su connotación supuestamente negativa, la tristeza cumple un papel relevante en el mapa de nuestras emociones. Un proverbio irlandés dice: “Las lágrimas derramadas son amargas, pero más amargas son las que no se derraman”. Llorar puede convertirse en un desahogo momentáneo, siempre y cuando no se convierta en un hábito o en una vía de escape de nuestros problemas. Las lágrimas, como mensaje de una determinada emoción, son tan importantes como las risas. No deberían estar estigmatizadas, pues a veces no todo se puede expresar con palabras.

El llanto tiene consecuencias también positivas: Nos ayuda a transmitir lo que sentimos y a darnos cuenta de lo que pasa dentro. Sirve de catarsis, nos alivia en momentos estresantes o dolorosos y puede ayudar a recomponer el cuerpo para continuar con las funciones habituales, tras una situación de estrés; ese desahogo favorece nuestra sensación de bienestar. Nos relajan, hay que dejar que fluyan. Las lágrimas purifican el alma, son la forma visible en la que el cuerpo manifiesta el límite extremo de un sentimiento: Cuando se es muy feliz, el ser humano puede explotar en llanto; cuando se está enojado, airado, se llora de impotencia; cuando se está triste o con penas, el alma se estruja por el exceso de melancolía y se llora con dolor y sentimiento. Las lágrimas, bella diferencia que nos aleja de las maquinas, de los objetos.

Por: Julio Alberto Garavito Palacios . Pbro.

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