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La dignidad de la persona humana:
Por haber sido creado a imagen y semejanza de Dios, el ser humano tiene la dignidad de persona. Esta dignidad ha sido rescatada a través de los misterios de la encarnación y la redención. El hombre es capaz de reconocerse, de darse libremente y entrar en comunión con otras personas; y es llamado, por la gracia a una alianza con su Creador a ofrecerle una respuesta de fe y de amor que ningún otro puede dar en su lugar. El hombre y mujer persona es el ser sujeto y el centro de la sociedad, la que con sus estructuras, organizaciones y funciones, tiene por fin la creación y continua adecuación de las condiciones económicas, políticas y culturales que le permitan al mayor número posible de personas el desarrollo de sus facultades y la satisfacción de sus legítimas aspiraciones de perfección y felicidad.


La tolerancia y el pluralismo:
Permiten el respeto y la aceptación de las diferencias culturales, políticas, religiosas, raciales, etc., de las personas. La tolerancia no significa sumisión, resignación o aguante; la tolerancia significa aceptación de la diferencia, respeto por la discrepancia y la valoración de la diversidad. Es aceptar y valorar lo diferente y entenderlo como una oportunidad para enriquecernos.

El bien común:
Es un valor de servicio y de organización de la vida social y del nuevo orden de la convivencia humana, que estimula la transformación de las estructuras, según los criterios de la justicia social. El bien común es pensar en comunidad, en solidaridad, en defensa de los derechos y deberes del hombre y la mujer, pero también comprende el cumplimiento de las normas establecidas por nuestros gobiernos sin olvidar el sentido de la justicia social.

La conversión - reconciliación:
“Convertirse el evangelio para el pueblo cristiano que vive en América, significa revisar todos los ambientes y dimensiones de su vida, especialmente todo lo que pertenece al orden social y a la obtención del bien común. De modo particular convendrá atender a la creciente conciencia social de la dignidad de cada persona y, por ello, hay que fomentar en la comunidad la solicitud por la obligación de participar en la acción política según el Evangelio. No obstante será necesario tener presente que la actividad en él ámbito político forma parte de la vocación y acción de los fieles laicos” (Ecclesia in América, Nº 27).


La solidaridad:
Vivida como determinación firme u perseverante de trabajar por el bien de todos y sentirnos responsables los unos de los otros, como actitud de fraternidad, de unión y de afecto con los demás. “La solidaridad es fruto de la comunión que se funda en el ministerio de Dios Uno y Trino y en el Hijo de Dios encarnado y muerto por todos. Se expresa en el amor del cristiano que busca el bien de los otros, especialmente de los demás necesitados... Partiendo de Evangelio se ha de promover una cultura de la solidaridad que incentive oportunas iniciativas de ayuda a los pobres y a los marginados, de modo especial a los refugiados, los cuales se ven forzados a dejar sus pueblos y tierras para huir de la violencia.” (E.A. Nº 52)

La justicia:
Es darle a cada ser humano lo que le corresponde y hacer posible el bien de toda la comunidad, teniendo en cuenta los derechos de todas las personas que la integran. La justicia busca la igualdad para todas las partes que participan en un conflicto y no aceptan la violencia como un medio para lograrla. Para que la justicia se realice plenamente debe estar acompañada de una actitud de amor, comprensión y respeto hacia los demás.

El respeto a la vida en armonía con el medio ambiente:
Es tomar conciencia de que junto con los animales y todas las especies vivientes, constituimos un solo ecosistema, compartimos un mismo hábitat, una casa común, cuyos equilibrios no podemos alterar sin dañar gravemente las condiciones que la vida en sus casi infinitas manifestaciones requiere. Todos somos responsables de todos.

La igualdad y la equidad:
La dignidad personal constituye el fundamento de la igualdad de todos los hombres y mujeres entre sí. Por la dignidad se reconoce la igualdad de todas las personas y se busca justicia y equidad en la repartición de oportunidades y bienes. La igualdad entre los seres humanos en su dignidad, por ser creados a imagen y semejanza de Dios, se afianza y se perfecciona en Cristo. Desde la encarnación al asumir el verbo nuestra naturaleza y sobre todo su acción redentora en la cruz, muestra el valor de cada persona. Por tanto Jesucristo, Dios y Hombre es la fuente mas profunda que garantiza la dignidad de la persona y de sus derechos.

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